jueves, 10 de noviembre de 2016
MI RECUERDO
Con solo ver esta imagen me puedo trasladar a aquel lugar,
recordando esa atmósfera de la que nos habla Peter Zumthor.
El verano de hace dos años, no podía creer el lugar en el
que estaba, aquellas vacaciones que habíamos planeado con tanta ilusión, aquel
paisaje de postal visto en tantas fotos y que ahora tenía ante mí. Me creía una
hormiguita entre esas dunas. Podía apreciar esa fina arena entre mis pies con
un frescor que todavía recuerdo, una paz que se contradecía con la adrenalina
del momento, un reto llegar hasta el pico más alto, pisar ese poquito de arena al
que todavía nadie había llegado. Aunque en la foto no se pueda ver, la compañía
del grupo era magnífica, entre ellos mi familia, se podía palpar la felicidad.
Cada uno disfrutaba a su manera fotografiando aquello que tenía a su alrededor,
intentando subir esa gran cuesta, jugando con la arena o simplemente observando
que hacían unos y otros. Porque no solo importa el lugar en el que estuviese
sino el entorno, las personas que tenía junto a mí que hicieron que, de ese
viaje tan ansiado, solo pueda tener estos recuerdos tan bonitos.
Una sensación muy
impactante, que siempre tendré en mi recuerdo.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
ATMÓSFERA
El espacio más antiguo y agradable que
me viene a la mente para este ejercicio denominado “Atmosfera”, no es un solo
espacio en sino varios, que a su vez son el mismo.
Me refiero al espacio de juego cuando
era chico, que realmente podía ser en cualquier sitio, el salón, el cuarto de
la plancha, la puerta de la calle de mi casa o el que más me gustaba que era la
arena de una obra enfrente de mi casa. Con juguetes o mis propias manos hacia
carreteras, casas, cuevas, presas con agua, y mil construcciones a escala de lo más
variado e imaginativo. Este lugar de la obra no estaba exento de peligros, no
por la obra en la que nunca me paso nada, sino porque me manchaba de barro y
luego traía graves consecuencias con mi madre.
Durante el rato que jugaba feliz, se pasaban las horas sin saber cómo,
daba igual que hiciera sol ó estuviera nublado,
ya que con el juego no sentía ni frio ni calor.
Estos ratos de juego tenían un día clave,
el 6 de enero (los reyes magos), que era el día de los juguetes nuevos. Era un
día realmente mágico, tal era la ilusión, que aún perdura en mi recuerdo el
olor a los juguetes nuevos de aquella época.
Recuerdo
como ponían los globos y los caramelos, el papel de regalo, era tanta la
alegría, que no me importaba que los reyes se hubieran equivocado de nuevo y no
hubieran traído lo que escribí en la carta, ¡ hay que ver lo despistados que
eran los reyes!, pero todo lo que me trajeron siempre fue bueno y supe
aprovecharlo.
En Guillena –
(Sevilla) a 09 de noviembre de 2016
Gonzalo
Fernández Conde
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





